La virtud teologal que nos brindó el intelecto para creer. Más de las veces nos ocupamos obstinadamente de buscar fuera de nosotros mismos la razón de nuestros males, infortunios, y nos atrevemos – sólo porque no vemos otra explicación lógica – a entregar virtualmente nuestro destino a las más extremas creencias.
“Tu tienes un alma joven” – me dijo la espiritista, con los ojos pequeñitos y la piel morena templada por el sol. La vida me había llevado dando tumbos a ese rincón de la Isla de Margarita en Venezuela, donde el aire olía a tabaco recién fumado, caña clara y azúcar. Caminé el pequeño pasillo de la sala, donde se agolpaban estatuas y velas prendidas. Afuera el sol tostaba el techo de zinc. Después de una cortina vieja me encontré en el altar, dedicado a Santa Bárbara, la virgen guerrera.
Por un momento pensé en el absurdo de la situación. Miré a aquella mujer gorda y que sudaba a chorros, mientras prendía el segundo tabaco y lo miraba con el rabillo del ojo. No era por mi la visita a aquella santera, pero como dije antes la vida me llevó hasta su puerta, y una vez ahí no pude resistir la tentación de apuntar con mi lente. 
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Cuestion de Fe
jueves, 5 de julio de 2007Publicado por @arlettemontilla en 22:12
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